
Cerquita de Agra, ciudad del Taj Mahal, o cerquita de Jaipur, la ciudad del Palacio de los Vientos, la ciudad rosa, a medio camino de ámbas se encuentra la ciudad fantasma de Fatehpur Sikri.
Esta ciudad guarda detrás de si muchas historias, todas ellas diferentes según quien te la cuente, todas ellas sorprendentes, curiosas a la vista, al entendimiento de un occidental.
Fue edificada esta ciudad por un 'señor poderoso' de Agra hace muchísimos cientos de años, según unos con el fin de llevar allí su centro de poder, y salir de la caótica Agra, ciudad de 1.000.000 de habitantes hoy en día.
A mi sin embargo la historia que más me llamo la atención fué una a la cual no le quito cierto grado de realismo, en la cual este 'gran señor' de Agra tenía una especie de derecho de pernada sobre todas las mujeres de la ciudad, y semanalmente, mensualmente, cada un tiempo estimado por el, se hacía subir a Fatehpur Sikri un número de ellas con el fin de que le hicieran 'toda' clase de compañia.
Con el fin de que en un mundo tan sumamente religioso como el de la India, con su amalgama de religiones, aunque fundamentalmente la hindu, la musulmana y la cristiana en esta zona, edifico templos para cada una de ellas, con el fin de que sus 'invitadas' pudieran sentirse a gusto.
Realmente es curiosa la visita a esta ciudad, que nunca llego a estar habitada como tal, y que sólo durante unos años parece que sirvio como haren inmenso para uno de los grandes hombres que han existido en la India.
Hoy en día se puede contemplar la ciudad vacia, solamente salpicada por gente del campo, aunque resulta totalmente aconsejable en ese viaje que uno puede realizar dentro del Triangulo Mágico de la India, pasar por ella, igual que por otras como Samode, Mattura, etc, etc.
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Han pasado ya varios meses desde que deje la India, ese intrigante, diferente, apasionante País, donde todo es de otra forma, todo se valora de otro modo, incluso la vida, ventaja para muchos de ellos, que según sus religiones no están más que en una de sus vidas.
Hoy hablare de Agra, y del Taj Mahal, la primera no dejaria de ser una ciudad India sin más, con su apasionante forma de vida a ojos de cualquier persona que no sea de allí, donde en una calle tienes que ir sorteando bicicletas, tuc-tuc, vacas, elefantes, camellos, etc, etc, pero que tiene ese punto singular, ese lugar soñado como es el Taj Mahal!!
Normalmente al Taj Mahal se llega en algún carromato tirado por caballos desde un entorno próximo de unos 2 ó 3 kilometros, entras a un recinto fortificado tras sortear una puerta y te encuentras con un camino de no más de 5 minutos hasta una inmensa plaza donde desembocan varios caminos similares desde otros 2 puntos, y en uno de los laterales tenemos una puertecita que se va agrandando poco a poco conforme nos acercamos a ella, y que esconde detrás ese tesoro llamado Taj Mahal, que hasta ese momento ha estado prohibido para nuestra vista, hasta en ese detalle destila magia este lugar.
Un consejo... visitarlo por la tarde, conforme va atardeciendo podemos ir observando como ese marmol va haciendo guiños a nuestra vista, transformándo poco a poco esas tonalidades que vamos guardando en nuestras retinas conforme la noche va llegando; otro, no ir con prisas, pasear, descubrir ese panteón levantado al amor en ese paraje singular con el vacio al fondo, ese fondo donde tuvo que haberse construido otro panteón igual, que sólo existio en la mente de esa persona que lo ídeo, y en la bondad de su hija que permitio que lo disfrutase junto a su amada.
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Tras un largo día de tren, hace ya casí 20 años, partiendo desde Zaragoza, llegamos a esta Ciudad, era el primer contacto con algo que después se convertiria en un autentico vicio, el viajar, una estación de tren, las 3 o quizas las 4 de la mañana y había que buscar un hotel... caminando, caminando llegamos a un momento mágico, la visión de la Plaza de Pisa donde están recogidos el Duomo, el Baptisterio y la Torre Inclinada, realmente fascinante, recomiendo a quien vaya que se de el lujo de ver está plaza a las 4 de la mañana. Tuve, tuvimos la suerte de subir a la Torre, pocos días después leí en un periódico que habían decidido restringir las visitas a la misma. Vertiginosa sensación la de asomarte desde arriba a un vacio sin barreras, sin apoyos, tras subir esos escalones grandes y diferentes el uno del otro. Esa visión nocturna será algo que siempre perdudara en mi retina, quedando grabado como un icono de ese primer viaje.
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